Las labores de un asesor fiscal como René Escobar

René Escobar sabe que las responsabilidades de un fiscalista van mucho más allá de simples números, y hoy nos cuenta por qué.

Actualmente contar con un asesor fiscal es de suma importancia, podríamos decir, incluso, imprescindible. Las exigencias tributarias, la crisis económica y un mercado en constante cambio, son sólo algunos factores por los que la figura de un profesional que nos asesore en cuestiones fiscales existe.

Pero, ¿qué es en realidad un asesor fiscal o fiscalista? Pues bien, es la persona que tiene los estudios y la experiencia suficientes para aconsejar y ayudar al cumplimiento de las obligaciones tributarias ante la Administración Pública, y funciona tanto para personas físicas y morales.

Lo que un fiscalista busca, es el máximo ahorro fiscal para el contribuyente, para lo cual asesora al particular o a la empresa sobre cuáles son las mejores decisiones para lograrlo. Desde luego, todas estas recomendaciones deben estar conforme a la normativa vigente, y a las circunstancias particulares del contribuyente.

Es importante señalar que el buen asesoramiento es el preventivo, es decir, el que se realiza siempre antes de cualquier operación, para poder alcanzar el máximo ahorro. Por eso es tan importante que el asesor fiscal esté bien informado sobre las acciones que el contribuyente desea hacer, para poder tomar decisiones eficientes, tributariamente hablando.

Si el trabajo de un asesor fiscal suena a mucha responsabilidad, es porque lo es. Aunque estos profesionales fungen como consejeros, no suplen la voluntad del contribuyente. Es decir, su función es aconsejar, pero no pueden obligar al cliente. Es decir, es el contribuyente el que asume las consecuencias de las decisiones tomadas ante la Administración Pública.

Por eso, es importante que el fiscalista sea un profesional experto, abogado o economista, que conozca las leyes tributarias vigentes. Para René Escobar, existen tres virtudes elementales de todo asesor fiscal, las que marcan la diferencia entre un verdadero profesional y alguien no capacitado:

  1. Honestidad, que es la base de la relación con su cliente.
  2. Ética, para que la posibilidad de enriquecimiento no lo lleve a cometer ilegalidades.
  3. Profesionalismo: simplemente, hacer las cosas bien. Ofrecer al cliente el mejor soporte de sus servicios.

Con estas virtudes y la suficiente exigencia, René ha logrado posicionar su empresa entre los primeros lugares a nivel nacional, y asegura que cualquier fiscalista comprometido con su profesión, que cuente con las características adecuadas y sea cuidadoso de los detalles, puede llegar igual de lejos.